La reedición de los
Relatos de Víctor Hugo
no podía ser más
oportuna. A casi un decenio
de la primera edición,
su autor ha ganado un lugar
de interés en la literatura
boliviana, por varios motivos,
siendo, a juicio nuestro los
más importantes: el
retrato de un segmento casi “hermético” de
la sociedad boliviana, y, segundo,
la vívida descripción
de experiencias o percepciones
que asumen claro valor testimonial.
Los narradores bolivianos,
en gran medida, desenvuelven
sus tramas en sectores más
o menos rituales: la clase
media pobre, la juventud vulnerable,
las angustias y las tensiones
de las luchas políticas;
pero la poca vivencia con los
sectores del “lumpen” (que
significa “andrajo” y
no delincuencia), les ha impedido
percibir un mundo tanto o más
intenso que el de las clases “orgánicas” y
tradicionales de nuestra sociedad.
El segundo aspecto, el vivencial
y testimonial, se pone de relieve
desde el principio hasta el
final del libro. Es la descripción
de experiencias que en varios
casos las ha vivido y en otros
las ha captado como “testigo”,
en el mundo en que ha desarrollado
su propia existencia. Esta
vivencia a veces ha sido considerada
bajo una imagen simplista,
como si tales grupos carecieran
de sentimientos y razones y
de segmentos internos y contradicciones
tan complejas como los otros
estratos. Pero, por lo que él
cuenta, no todos son iguales
ni mucho menos lo mismo. Para
nosotros, que apenas vemos
su mundo desde fuera y que
no hemos compartido sino el
aspecto “visible” de
la personalidad de Víctor
Hugo, nos será siempre
reveladora y novedosa su evocación
testimonial. Y como todo testimonio
lleva forzosamente en germen
algún elemento de denuncia,
su autor ha sufrido más
de una vez (según nos
ha manifestado), amenazas y
represalias de los individuaos
real o potencialmente aludidos.
No pretenda el lector solazarse
con exquisiteces estilísticas.
Lo que dice el autor lo dice
en el lenguaje usual de nuestro
pueblo, en esta variedad dialectal
que constituye el castellano
boliviano. Tiempo vendrá seguramente
en que él mismo perfeccionará su
estilo. Hasta entonces seguirá gozando
del aprecio de muchísimos
lectores, con preferencia mayor
que muchos “consagrados
cultores de las letras” de
nuestro país.
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