El libro “Octubre: El Lado
Oscuro de la Luna”, es una
obra multidimensional de quien,
ahora, transita en la interpretación
política y filosófica
de un hecho histórico. Precisamente
por la fuerza de los planteamientos
que trae el libro, quisiera comentarlo
valorando de manera selectiva dos
ejes que nos presenta. Rene Zavaleta
decía que los hechos históricos
no dejan de existir hasta que son
interpretados; y lo que tenemos
en el libro de Rafael Bautista
S., es una interpretación
fuerte del gran hecho de octubre.
Además, parafraseando a
Zavaleta, creo que un gran hecho
histórico no deja de existir
hasta que produce de manera diferida
en el tiempo los cambios que habría
inspirado en términos de
sentimientos, de ideas fuerza;
aquello que estuvo en la producción
del momento, es decir, aquello
que hizo que la gente actuara para
producir ese tipo de hecho histórico;
y creo que la victoria electoral
de fin de año forma parte
de eso. Pero creo también
que recién estamos en los
inicios de un gran largo ciclo
histórico, donde vamos a
vivir y tener que seguir produciendo
los resultados de lo que se condensó de
manera muy fuerte en el hecho de
octubre, sobre el cual reflexiona
Rafael.
La metáfora de “el
lado oscuro” tiene que ver,
a mi parecer, básicamente
con lo siguiente: hablar de “el
lado oscuro” supone hablar
de lo que no se ve pero que sin
embargo produce lo que estamos
viviendo; y contiene también
lo que hemos producido históricamente
y lo negamos: el colonialismo,
el racismo y el conjunto de estructuras
de desigualdad que se han instaurado
a través de los siglos en
la configuración del sistema-mundo
(que es objeto de la crítica
de Rafael, como de esta colección
de la editorial “Tercera
Piel”, que me parece apunta
de manera muy aguda a las tareas
intelectuales que tendríamos
que enfrentar en estos días).
Esta tarea es enfrentada a través
de dos tipos de desarrollo de un
pensamiento de reflexión
que modifica un poco el modo usual
con que hacemos crítica
en Bolivia, incluso interpretación
histórico-política.
Una, es el hecho de que, por un
lado, el hecho de octubre (un momento
de gran concentración de
procesos de varias acumulaciones,
de fuerzas sectoriales pero también
nacionales, que vemos en el hecho
de la rapidez con la cual el conflicto
transitó del campo a la
ciudad, de El Alto a La Paz y de
todos estos núcleos al conjunto
del país) implica que estábamos
experimentando un tiempo de gran
condensación histórica,
que también abren varias
potencialidades y, como dice muy
bien el libro, hace posible pensar
en un nuevo alumbramiento (en términos
de formas de organización
y de pensamiento en el país).
En este sentido, para pensar octubre
es necesario recurrir a la historia,
para poder interpretarlo, explicarlo
y también proyectarlo.
Y uno de los ejes más fuertes
del trabajo que realiza Rafael
es justamente, explotando la coyuntura
de octubre, pensar la historia
de Bolivia. Y va articulando de
manera muy selectiva y crítica
los momentos y las formas en que
surge la desigualdad de carácter
colonial, racista y de origen moderno
que se ha ido produciendo y reproduciendo
en el país. Ese creo que
es el lado más nuevo en
este tipo de trabajo; recurriendo
a una visión crítica
de la historia mundial (algo que
hicieron también Zavaleta
y Almaraz), el trabajo de Rafael
amplía el horizonte, porque
está pensado el momento
histórico especifico de
octubre a partir de una historia
de Bolivia, pensando Bolivia a
partir de los procesos que configuraron
el sistema-mundo, pero también
diversas formas de vida social
antes de la configuración
de ese sistema-mundo. Por lo tanto
hay una fuerte referencia a civilizaciones
de otros continentes, la historia
china, la India y otros lugares,
y también a la historia
del pueblo judío; de tal
manera que tenemos una interpretación
multidimensional, en el sentido
de que se está pensando
la especificidad de un hecho histórico,
pero con una mirada abierta a la
historia de la configuración
de las grandes civilizaciones y
del modo particular en que eso
se condensa con la modernidad y
el colonialismo en el continente
y en los territorios que llamamos
Bolivia desde no hace mucho. Este
es creo uno de los ejes más
fuertes y que nos permite, se puede
decir, desprovincializar la mirada
sobre la historia boliviana y latinoamericana.
La otra, que me parece todavía
más novedosa (aunque ya
va formando una especie de línea
de pensamiento y tradición)
es el hecho de pensar los hechos
históricos y políticos
a través de la reflexión
filosófica; es decir, la
filosofía no es pensar las
cosas independientemente de la
historia, sino precisamente en
la historia, con la historia y
como historia; y esto es algo que
por lo general no hemos tenido
en Bolivia: hacer crítica
histórica, interpretación
de los hechos históricos
y políticos en términos
de causas y de horizontes de posibilidad,
que a su vez incorporen una reflexión
sobre lo humano, reconociendo otras
culturas en un mismo mundo. En
este sentido creo que lo más
interesante, la línea de
pensamiento más fuerte en
este trabajo, es esta articulación
de reflexión filosófica,
interpretación histórica
a través del estilo literario
del ensayo y una crítica
histórico-política
en términos de ese horizonte
ampliado que había mencionado,
que implica pensar el sistema-mundo
y las civilizaciones precedentes,
como puntos de interpretación
y comprensión de lo que
nos está pasando.
¿Qué implica hacer
interpretación histórico-política
también como pensamiento
filosófico? Nos muestra
que no existe lo humano en general,
sino que existe organizado bajo
formas históricas y culturales
concretas; pero eso tampoco quiere
decir tocar un límite insuperable,
porque a partir de eso también
se puede pensar dimensiones universales
con sus limites y posibilidades,
y justamente nos permite entender
nuestras limitaciones usando la
reflexión y la historia
de otras culturas; en ese sentido
lo transcultural nos permite también
ampliar el conocimiento local.
Creo que en esa línea va
también este ensayo, es
decir, contribuir al autoconocimiento
a través de una crítica
transcultural y, en particular,
a partir de este otro punto que
quisiera señalar (que no
ha surgido en el pensamiento social
en Bolivia y que tiene que ver
con la crítica de la modernidad).
Por lo general, las ciencias sociales
en Bolivia, durante la década
de los ochenta y noventa en particular,
se han desarrollado de manera preponderante
en torno al eje de legitimar los
cambios que el neoliberalismo estaba
produciendo en Bolivia; porque
estos estaban modernizando el país.
Las ciencias sociales partían
del prejuicio de que la modernización
era lo bueno y que a partir de
ese punto había que evaluar
los hechos históricos; y
en ese sentido el pensamiento social
se volvió bastante normativo:
si es moderno es bueno y si no
lo es entonces habría que
irlo sustituyendo, y el modo de
sustituirlo era aceptar de manera
unilateral lo que se conoce y se
llama globalización (que
implica desarmar las condiciones
internas de autogobierno y aceptar
que nos gobiernen y nos piensen
desde afuera).
Este trabajo además contribuye
a pensar lo local y lo mundial
descentrando la modernidad, es
decir, que el paradigma de lo moderno
no sea nuestro centro de ubicación
en el tiempo y en el espacio y,
sobre todo, lo posible y deseable
que podamos desear y hacer de aquí en
adelante. En este sentido realiza
un giro, porque la mayoría
de las ciencias sociales trabaja
bajo el prejuicio irreflexivo de
la modernidad y esto tiene que
ver básicamente con que,
en su origen, las ciencias sociales
son una forma de discurso moderno
(que en algunos momentos se vuelve
autocrítica, pero tiende
a ser incapaz de rebasar su horizonte
cultural y existencial). Y eso
creo que (lo digo no de modo totalmente
afirmativo) es más posible
intentar desde al filosofía;
por lo menos desde el marco categorial
que nos está siendo propuesto
en este “Lado Oscuro de la
Luna”, de modo que, diría
también, es un modo de pensar
más allá de la modernidad.
Quisiera valorar dos cosas más
en este trabajo. Se podría
decir que la experiencia de octubre
fue un gran momento de condensación,
donde (y recurro otra vez a Zavaleta)
se ampliaba nuestro horizonte de
visibilidad, porque las cosas se
juntaban y al juntarse ponían
en crisis los modos parciales y
dogmáticos de ver la realidad;
y nos posibilitaban rearticular
el pasado tanto en términos
de las metodologías, de
las tradiciones orales, como también
del pensamiento crítico
producido por los pensadores nacionales
para pensar el momento que estábamos
viviendo. El trabajo que hace en
este caso Rafael, opera un poco
del mismo modo: en torno al momento
de octubre tiende a jalar, para
explicarlo, como una especie de “agujero
negro”, para que ahí colapsen
o caigan ideas que vienen de la
filosofía, de la literatura,
las metáforas que para nombrar
el libro vienen de la música
y también de esas diferentes
historias. Y en este sentido, creo
que el libro de Rafael (para duplicar
la metáfora), que se llama “Octubre:
El Lado Oscuro de la Luna”,
es también un “agujero
negro”, es decir, donde las
cosas tienden a ser absorbidas.
Si lo leemos con calma, nos puede
producir mayor luz interior y creo
colectiva, en la medida en que
nos permitan cambiar los modos
dogmáticos de interpretar
la historia del país y sobre
todo sus posibilidades en términos
de que sea posible otro alumbramiento. |