Después de la lectura
del libro “Octubre: el Lado
Oscuro de la Luna”, una de
las cosas que nos llama la atención
es: ¿por qué octubre,
ahora, después de dos años?
Creo que ya otros lo han mencionado,
pero sería importante rescatar.
Octubre no puede leerse desde una
perspectiva lineal; porque desde
una perspectiva lineal octubre
habría desaparecido y habría
quedado como una especie de recuerdo.
Octubre, desde una perspectiva
no lineal, desde un presente que
siempre se hace presente, que actualiza
constantemente el pasado (las antiguas
luchas, las antiguas guerras que
no han concluido); después
de dos años, octubre no
ha terminado. Creo que es uno de
los mensajes más importantes
del libro. No puede terminar octubre
porque, obviamente, el programa
de los que han muerto no ha sido
concluido ni materializado. Y el
programa de los que han muerto
es el programa de una nacionalización,
de una convocatoria absoluta a
una asamblea constituyente, verdaderamente
constitutiva, soberana; es el programa
de una reforma agraria que retorne
las tierras a las comunidades,
de la reconstitución del
Tawantinsuyo (en términos
de la re-territorialización
de las comunidades). Mientras no
se cumpla este programa, los muertos
han de seguir latiendo con su octubre.
Octubre no ha concluido porque
el horizonte que ha abierto octubre
no se ha cerrado ni se ha clausurado.
Se ha llegado a un gobierno indígena
que es parte de octubre; es parte
del impulso pasional de aquellos
que combatieron contra una herencia
neoliberal y fundamentalmente contra
una herencia colonial. Octubre
no puede acabar en la medida en
que este Estado, esta nación
y esta sociedad no se descolonicen;
en la medida en que no podamos
construir una democracia sobre
la base absoluta y radical de la
descolonización. Si no somos
capaces de construir una republica
indígena, octubre no va
a poder concluir. Los muertos van
a seguir convocando a los vivos
a seguir luchando. Uno de los aspectos
más significativos del libro
tiene que ver con esta lectura;
una lectura que lee un eterno presente,
no estático sino dinámico,
sobre todo por ese dialogo que
hay entre pasado y futuro; siempre
a partir de las pasiones de los
combatientes, de la ensoñación
de los combatientes, de los que
escribieron otro tipo de narración
(que podríamos llamar narración
colectiva) que ahora nos hace vivir
precisamente esta consecuencia,
tremendamente significativa para
Bolivia y para el continente: un
gobierno indígena.
Octubre no puede concluir y constantemente
nos convoca. Esa es una de las
invitaciones más ricas del
libro. Y otra, la invitación
(a partir de la ironía exquisita
del autor) es que, hablar de el
lado oscuro de la luna es hablar
del reverso, profundo, del reverso
como espesor cultural de aquello
que han llamado el lado luminoso:
la “media luna”. Es
el juego entre lo blanco y lo indígena,
es el reverso entre lo oscuro,
el inconsciente de la luna y lo
luminoso. Pero lo luminoso es lo
moderno: es lo que se ilumina,
pero también lo superficial;
lo luminoso está en el espacio
donde se circunscriben y se despliegan
los mecanismos de dominación.
Ese juego irónico nos ayuda
a pensar el lado oscuro de la luna
como otra forma de ver la luz.
Esa luz oscura que en un texto,
Zavaleta llamó el mundo
de Willka, el mundo del siglo XX
que nacía, el mundo moderno,
pero desde la mirada subversiva
de los indígenas. Pero ahora
no es la mirada de un indígena,
es la mirada de millones de indígenas.
Que no solamente tienen los ojos
puestos en el gobierno, sino que
tienen la expectativa de que esta
revolución indígena
se lleve adelante, se realice y,
por tanto, su realización
posible, la realización
de octubre, vaya a ser la constitución
de una nación que nos incluya
a todos; una nación multinacional,
pero que tenga su matriz indígena,
que reivindique a las víctimas
del continente, a las victimas
de la historia y del capitalismo,
que ha constituido este sistema-mundo
basado fundamentalmente en haber
ocultado, haber puesto en el lado
oscuro de la luna a esas civilizaciones,
sociedades, que son, en la crisis
de la globalización la alternativa.
Son la alternativa porque nos están
pensando no de una manera lineal
y moderna, nos están pensando
no de una manera desarrollista.
Están pensando que todos
los seres vivos tenemos derecho
a constituir algo que va más
allá de las sociedades;
reconstituir una visión
cósmica o caósmica,
desde el respeto a la Pachamama,
al Alajpacha, a la Mankapacha.
El lado oscuro de la luna es entonces
una promesa. Hay un discurso un
tanto teológico, de liberación
en Rafael Bautista S., y eso es
lo que gusta, porque convierte
el futuro en una promesa, en una
esperanza, en una justicia. Gracias
por habernos recordado que octubre
sigue latiendo.
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