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Marzo de 2006

 

OCTUBRE: El Lado Oscuro de la Luna

por Raúl Prada *

 

Después de la lectura del libro “Octubre: el Lado Oscuro de la Luna”, una de las cosas que nos llama la atención es: ¿por qué octubre, ahora, después de dos años? Creo que ya otros lo han mencionado, pero sería importante rescatar. Octubre no puede leerse desde una perspectiva lineal; porque desde una perspectiva lineal octubre habría desaparecido y habría quedado como una especie de recuerdo. Octubre, desde una perspectiva no lineal, desde un presente que siempre se hace presente, que actualiza constantemente el pasado (las antiguas luchas, las antiguas guerras que no han concluido); después de dos años, octubre no ha terminado. Creo que es uno de los mensajes más importantes del libro. No puede terminar octubre porque, obviamente, el programa de los que han muerto no ha sido concluido ni materializado. Y el programa de los que han muerto es el programa de una nacionalización, de una convocatoria absoluta a una asamblea constituyente, verdaderamente constitutiva, soberana; es el programa de una reforma agraria que retorne las tierras a las comunidades, de la reconstitución del Tawantinsuyo (en términos de la re-territorialización de las comunidades). Mientras no se cumpla este programa, los muertos han de seguir latiendo con su octubre.

Octubre no ha concluido porque el horizonte que ha abierto octubre no se ha cerrado ni se ha clausurado. Se ha llegado a un gobierno indígena que es parte de octubre; es parte del impulso pasional de aquellos que combatieron contra una herencia neoliberal y fundamentalmente contra una herencia colonial. Octubre no puede acabar en la medida en que este Estado, esta nación y esta sociedad no se descolonicen; en la medida en que no podamos construir una democracia sobre la base absoluta y radical de la descolonización. Si no somos capaces de construir una republica indígena, octubre no va a poder concluir. Los muertos van a seguir convocando a los vivos a seguir luchando. Uno de los aspectos más significativos del libro tiene que ver con esta lectura; una lectura que lee un eterno presente, no estático sino dinámico, sobre todo por ese dialogo que hay entre pasado y futuro; siempre a partir de las pasiones de los combatientes, de la ensoñación de los combatientes, de los que escribieron otro tipo de narración (que podríamos llamar narración colectiva) que ahora nos hace vivir precisamente esta consecuencia, tremendamente significativa para Bolivia y para el continente: un gobierno indígena.

Octubre no puede concluir y constantemente nos convoca. Esa es una de las invitaciones más ricas del libro. Y otra, la invitación (a partir de la ironía exquisita del autor) es que, hablar de el lado oscuro de la luna es hablar del reverso, profundo, del reverso como espesor cultural de aquello que han llamado el lado luminoso: la “media luna”. Es el juego entre lo blanco y lo indígena, es el reverso entre lo oscuro, el inconsciente de la luna y lo luminoso. Pero lo luminoso es lo moderno: es lo que se ilumina, pero también lo superficial; lo luminoso está en el espacio donde se circunscriben y se despliegan los mecanismos de dominación. Ese juego irónico nos ayuda a pensar el lado oscuro de la luna como otra forma de ver la luz. Esa luz oscura que en un texto, Zavaleta llamó el mundo de Willka, el mundo del siglo XX que nacía, el mundo moderno, pero desde la mirada subversiva de los indígenas. Pero ahora no es la mirada de un indígena, es la mirada de millones de indígenas. Que no solamente tienen los ojos puestos en el gobierno, sino que tienen la expectativa de que esta revolución indígena se lleve adelante, se realice y, por tanto, su realización posible, la realización de octubre, vaya a ser la constitución de una nación que nos incluya a todos; una nación multinacional, pero que tenga su matriz indígena, que reivindique a las víctimas del continente, a las victimas de la historia y del capitalismo, que ha constituido este sistema-mundo basado fundamentalmente en haber ocultado, haber puesto en el lado oscuro de la luna a esas civilizaciones, sociedades, que son, en la crisis de la globalización la alternativa. Son la alternativa porque nos están pensando no de una manera lineal y moderna, nos están pensando no de una manera desarrollista. Están pensando que todos los seres vivos tenemos derecho a constituir algo que va más allá de las sociedades; reconstituir una visión cósmica o caósmica, desde el respeto a la Pachamama, al Alajpacha, a la Mankapacha. El lado oscuro de la luna es entonces una promesa. Hay un discurso un tanto teológico, de liberación en Rafael Bautista S., y eso es lo que gusta, porque convierte el futuro en una promesa, en una esperanza, en una justicia. Gracias por habernos recordado que octubre sigue latiendo.

 
 

* Docente e investigador, miembro de la Comuna.

 

 
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